Göran Lindberg

En medio de una gran cobertura mediática comenzó este martes el proceso en contra del ex jefe de policía, Göran Lindberg, en el juzgado de Södertörn, en Estocolmo. Las pruebas y los testigos se han ido acumulando, en el transcurso de la investigación policial, y el fiscal cuenta además con pruebas físicas, como es el caso de la “valija de sexo”, que Lindberg portaba consigo en el momento de su detención.
Como salido de la más sórdida novela policial de Stieg Larsson es Göran Lindberg, de 64 años, quien se ganó el apodo de “Capitán Pollera”, debido a su arduo trabajo por la equidad de sexos, distinguiéndose en conferencias y en programas especiales destinados a la igualdad de género, dentro de la academia de policías. Incluso se ganó en ciertas ocasiones las burlas de sus colegas, quienes le pusieron el apodo. Sin embargo, las fehacientes pruebas de la fiscalía hacen suponer que detrás de la personalidad pública de Lindberg se escondía un personaje enfermo con desviaciones sexuales sadistas y con rasgos de pedofilia y de proxenetismo.
El caso ha despertado el interés de la opinión pública, sobre todo de parte de los antiguos colegas y colaboradores de Lindberg en la lucha por la equidad de género, quienes han declarado que “se sienten completamente engañados”. Sin embargo, este no entiende los cargos que se le imputan, e incluso se ha mostrado jocoso, al ser preguntado acerca de su relación con diferentes jóvenes mujeres, declarando, en las interrogaciones: “Yo las apoyo y siento que hago cosas positivas para ellas”.
Sin embargo, las jóvenes, que se transformaron en sus víctimas, hablan de otra realidad. Una joven de 17 años ha declarado que Lindberg, antes de violarla, le tapó los ojos con una venda. A pesar de que la muchacha le pidió, sollozando, que la dejara en libertad, el hombre perpetró la violación. “Estaba completamente destruida”, ha declarado la joven. Lindberg niega el hecho.
Sin embargo, la joven de 17 años no es la única testigo, 11 mujeres han contado sus experiencias con el hombre, que durante años se aprovechó de ellas, satisfaciendo sus fantasías sadomasoquistas y vendiéndolas a otros hombres, que también se aprovecharon sexualmente de ellas. Todo, según la investigación policial.

Lindbergh era conocido, entre sus víctimas, por ser muy grosero. Escupía a las mujeres en la cara, llamándolas “puta” y “perra”. “Se notaba en su forma de ser, que no era bueno”, ha dicho una de las testigos. “Él era muy hosco y desagradable”, ha afirmado otra.
Fuera de los testimonios de las jóvenes, la fiscalía tiene a su haber una gran cantidad de grabaciones de conversaciones telefónicas y tráfico digital. Lindberg acostumbraba encontrar a sus víctimas vía Internet.
La investigación policial en torno al caso consta de alrededor de 3.000 páginas y los encargados de ésta han recibido críticas por haberla clasificado de “secreta”, durante un tiempo. No obstante, ahora se ha hecho pública una parte de la investigación y el primer día del proceso fue público, sin embargo, la corte decidió continuar a puertas cerradas.

Sea como sea, la doble naturaleza de Lindberg aparece cada vez más clara. El expolicía era consciente de la envergadura de sus crímenes, y de que tarde o temprano sería descubierto.
- Seguramente me van a juzgar. Un montón de personas van a decir: “como pudo él” y: “seguramente todo era una farsa”. Yo pensé que okay, entonces yo tomaré esa discusión, declaró el imputado en las interrogaciones.
Sin embargo, Lindberg no considera que tenga una imagen marcadamente negativa respecto a las mujeres.
- La mayoría de las veces yo experimento que hemos tenido una relación bastante equiparada, auque yo he pagado por el sexo, ha dicho.
No obstante, la versión de las víctimas difiere considerablemente con lo declarado por el ex policía. Una joven declaró, durante la investigación policial, que Lindberg la encadenó de manos y pies a una cama, antes de violarla. Otra de las afectadas contó que el hombre la agarró de la garganta, la golpeó y usó diversos artilugios sexuales con ella. Sin embargo, el ex policía se defiende diciendo que todo lo que él hacia, era “en términos graciosos”.
Para la opinión pública la actuación de Lindberg es algo incomprensible. El hecho de que un respetable y alto jefe de la policía que durante el día impartía cátedra acerca de la igualdad de género, al llegar la noche se transformara en un sádico violador. El entender como puede ocurrir un cambio así, a un personaje así, es prácticamente imposible, declaró a la prensa Martin Grann, sicólogo a cargo del departamento de desarrollo personal de la atención penitenciaria.
- Es incomprensible. Uno se pregunta como él se ha mantenido, interiormente, respecto a esto. Está muy claro que ha estado consciente de lo contradictorio que son estas actitudes, afirmó Martin Grann, después de leer parte de la investigación.
El profesional, al igual que otros expertos, piensa que, en cierta forma, el interés del ex jefe de policía por trabajar en temas de equidad de género era una forma de hacer penitencia por su comportamiento insano y sádico.
- Entre dos y tres por ciento de todos los suecos tienen claras fantasías sexuales sadistas. Esto significa que se goza sexualmente al hacer daño y al humillar a otras personas. Las declaraciones de las víctimas sugieren que este es el caso de Lindberg, explicó Martin Grann.

En el momento de su detención, el ex policía se había citado con una niña de 14 años. En su maletín llevaba diversos artilugios sexuales, esposas de metal, látigos y correas de cuero, dildos y Viagra. Por este motivo se le acusa también de planear la violación de una menor de edad.
Lindberg declara ser inocente de todos los cargos que se le imputan reconociendo sólo haber comprado servicios sexuales.
Se calcula que el proceso - que constituye el mayor escándalo del cuerpo policial sueco de la historia - se prolongará por diez días. Lindberg arriesga ocho años de prisión.

Por Marisol Aliaga
Estocolmo/2010


Göran Lindberg, ex jefe de policía, durante su proceso.
Niega los cargos en su contra.
“Yo ayudo a las mujeres”, dice el presunto violador.